Hilo 02 · el banco vivo

Un banco de semillas vivo

No una colección de museo: variedades que se conservan cultivándolas.

conservar

Semillas que vuelven a manos de quien las siembra

Las variedades tradicionales asturianas —las manzanas de sidra de nombre olvidado, las fabas de la casa, el maíz del país, los frutales que resistían la humedad atlántica— se pierden con la última persona que las sembraba. Un banco de semillas de museo no basta: las semillas dormidas envejecen. Raigañu las conserva cultivándolas: se siembran, se adaptan, se multiplican y circulan —con vecinos, con otros proyectos, con quien empieza—.

Una semilla que se comparte es una semilla que no se extingue.

la tecnología acompaña

Gestionar y compartir, con una herramienta propia

El banco se apoya en una herramienta digital propia para conservar las variedades, darles trazabilidad y facilitar su intercambio: qué se guarda, de dónde viene, cómo se comporta y con quién se comparte. La tecnología no manda — acompaña. Es la parte del proyecto que mira más allá de la finca, hacia la soberanía alimentaria como bien común.