Devolverle a un trozo de Asturias su bosque comestible: revertir el eucalipto, recuperar las semillas y los árboles de siempre, y vivir de y para esa tierra — abiertamente, para que otros puedan copiarlo.
Buena parte del monte asturiano se ha vuelto desierto verde: filas de eucalipto para la papelera que acidifican el suelo, secan las fuentes, borran el sotobosque y no alimentan a nadie. Donde antes había carbayera, castañedo, pumarada y huerta —el paisaje que da de comer y da identidad— hoy hay una plantación industrial que se llevará la madera y dejará la tierra más pobre que la encontró.
Raigañu significa raíz en asturianu. Recuperar lo autóctono no es nostalgia: es reparar tres cosas a la vez.
Volver a sembrar las variedades locales, adaptadas siglos a este suelo ácido y esta lluvia.
Con las semillas vuelve el cómo, el cuándo y el para qué. Patrimonio que se transmite haciéndolo.
Devolver al monte su condición de bosque diverso, comestible, con agua retenida y suelo que crece.
Cuando en Asturias se canta «patria querida» no se habla de banderas: se habla de un vínculo con la tierra que se hereda sin darse cuenta. Raigañu conecta con eso de forma honesta porque no lo invoca — lo practica.
No plantamos una finca. Devolvemos una raíz.